La
oficina se encontraba con el bullicio clásico que identifica el trabajo
administrativo intenso, inmersos todos en sus pantallas, otros más revisando
los últimos datos del trabajo ya impreso, los pasillos con el trafico de la
hora de salida del colegio, de pronto sentada en la silla de aquel cubículo
pocas veces visitado en la oficina, una mirada que destello entre el fleco de
su frente, eran unos ojos familiares para él, su cara levanto ella, mostrando
una sonrisa radiante, hubo una pausa en ese instante, una burbuja los envolvió
ambos, desviándose de su ruta en dos pasos estuvo en el acceso del cubículo,
tiempo suficiente para que ella se incorporara y quedaran frente a frente, así
fue el encuentro entre aquel hombre ingeniero de profesión y una contadora que
recientemente había sido asignada a esa ciudad en la compañía. Él había sido su
profesor de matemáticas en sus estudios de bachiller de ella, Elizabeth había
sido una alumna muy destacada en el curso era su mejor alumna en aquella generación,
la primera que el ingeniero tenía como titular de la materia en primer año del
bachiller. Un abrazo más que amistoso, fraterno sello el encuentro, con asombro
ambos se querían hacer mil preguntas ya habían pasado 16 años desde aquella
ocasión.
En las
primeras palabras de ella se podía sentir una gran tristeza que la aturdía
producto de el cambio de ciudad, con todo lo que en ello implicaba, su hija de
10 años se encontraba en la capital con su abuela, en espera de poder donde
instalar su nuevo hogar. Eran tantas las palabras que querían salir que se
agolpaban impidiendo un flujo ligero de ideas y provocando que predominara el silencio,
un silencio con aroma de un muy grato asombro.
Pulcro el
ingeniero en su conducta, durante su época de profesor de bachiller que
combinada con la titulación de su carrera, se abstuvo siempre de la tentación
de invitar a salir a una colegiala, era el precio de mantener el orden y la
disciplina necesaria para lograr un adecuado aprovechamiento de los alumnos en
clase, a cuenta de privarse una travesura estudiantil. Elizabeth siempre había
destacado por su inteligencia, su sencillez y lo enigmático de su mirada.
Morena, delgada con una sonrisa plagiada a la Gioconda con un alma más jovial y
encantadora. Era su mejor alumna, y en general de todas las generaciones
formadas sin duda era la que mas recordaba con un cariño muy especial.
Años después
la vida en su andar les coloca nuevamente en convivencia cercana, las
cicatrices de la vida no han dejado sin marca la vida de ambos. Ella una chica sobre
calificada, contadora con maestría había sido considerada demasiada pieza para
los hombres que pudieron asomarse en su vida y ahora se encontraba como madre
de una niña, creciendo como persona, profesionista y mujer. Él 14 años mayor
que ella, un divorcio y muchas historias que contar en su vida personal.
La
despedida del encuentro fue sencillamente especial: -“Estoy para lo que
necesites, por favor no lo dudes”- le dijo él y añadió al final –“Te quiero
Mucho, Elizabeth” -.
En el
español la palabra te quiero, es una palabra sencillamente cómoda, fácil de
decir, a veces difícil de explicar pero muy adecuada para manifestar un sentimiento de aprecio, afecto,
y amor sin implicaciones carnales, ni
posesiones. Es bonito decir te quiero, es bonito recibir una palabra de afecto así
de profunda y así de sencilla.
Tenemos
que saber expresar un Te quiero que no implica mas compromiso que el de aceptar
que un ser tiene un afecto especial por uno, separar, desconectar la frase te quiero
de la propiedad, del me perteneces. Así muchas veces nos encontramos diciéndole
te quiero al auto, a la casa, al celular, a la computadora, al sillón, etc., etc.,
algunas cosas te pertenecen otras no necesitan ser dominadas por ti para
sentirles aprecio, son objetos sin vida que nos han dado algo para tener un “aprecio”.
Por que limitarnos el decir te quiero, quizá
el límite de la expresión verbal comunitaria sea la sensación de compromiso que
pudiera traer con una frase así al expresarla a una persona de nuestro entorno
social. Un te quiero podemos expresarlo a un amigo, pero casi no lo hacemos
damos prácticamente por entendido ese sentimiento en una relación de amistad,
en la dinámica de la relación consideramos muchas veces sobrada una frase de
afecto de este tipo.
El
ingeniero me explicaba, que aquella frase le había salido del alma, deseaba que
contuviera todo el cumulo de buenos deseos que guardaba entre sus letras, que
pudiera ser clara también la gran libertad que como estela dejaba en el
espíritu del comentario. La frase envolvía un estoy contigo; deseo poder ayudarte
a encontrar la armonía; no olvides que cuentas conmigo; tu libertad de decisión,
de elección y de sentir permanecerá intocable; solamente te acompaño porque me
place poder acompañarte en un instante o en el tiempo que la vida nos regale. Todas esas palabras estaban
incrustadas en esa frase. Es mi decisión quererte así, sin moneda de cambio,
sin obligación alguna, con mi libertad intacta, con tu espacio privado bien
delimitado. Te Digo te Quiero porque quiero que sepas que eres un ser especial
para mí, porque coincido en el tiempo y espacio contigo, y además siento que coincidido
en una fuerza, espiritual, no visible pero tangible en el alma, como el viento. Así se expresaba aquel hombre de su
encuentro.
Debemos
construir una sociedad afectivamente más expresiva, acostumbrada a decir y
explicar los sentimientos. Contrario a lo deseado, es pocas veces escuchado en el hogar un te quiero sin intercambio de
objetos de por medio. Reservamos esa palabra para un día especial sin tener la
certeza de que ese día especial lleguemos a vivirlo. NO trato de desvirtuar una
frase, no se trata de eso, intento invitar a ser expresivos en un sentimiento
de afecto cariño, aprecio, en una convivencia que por momentos se vuelve muy ríspida
por mil diferencias de pensamiento azuzadas por banderas de colores diferentes,
es prudente buscar una forma de descansar el pensamiento, en una buena platica,
con una buena lectura, una agradable compañía y como aderezo la expresión
franca de un sentimiento que fortalezca una relación. Aprender a decir Te
quiero también implica saber reconocer lo que no se acepta, lo que no se
aprueba, pero con cariño y respeto manifestarlo, se puede ser honesto con
decoro y respeto.
Acepta un
te quiero sin remordimiento y expresa un te quiero sincero sin apasionamiento.
Dr.
Dante Mevaq
No hay comentarios.:
Publicar un comentario