martes, 24 de junio de 2014

Te Quiero, me perteneces?

La oficina se encontraba con el bullicio clásico que identifica el trabajo administrativo intenso, inmersos todos en sus pantallas, otros más revisando los últimos datos del trabajo ya impreso, los pasillos con el trafico de la hora de salida del colegio, de pronto sentada en la silla de aquel cubículo pocas veces visitado en la oficina, una mirada que destello entre el fleco de su frente, eran unos ojos familiares para él, su cara levanto ella, mostrando una sonrisa radiante, hubo una pausa en ese instante, una burbuja los envolvió ambos, desviándose de su ruta en dos pasos estuvo en el acceso del cubículo, tiempo suficiente para que ella se incorporara y quedaran frente a frente, así fue el encuentro entre aquel hombre ingeniero de profesión y una contadora que recientemente había sido asignada a esa ciudad en la compañía. Él había sido su profesor de matemáticas en sus estudios de bachiller de ella, Elizabeth había sido una alumna muy destacada en el curso era su mejor alumna en aquella generación, la primera que el ingeniero tenía como titular de la materia en primer año del bachiller. Un abrazo más que amistoso, fraterno sello el encuentro, con asombro ambos se querían hacer mil preguntas ya habían pasado 16 años desde aquella ocasión.
En las primeras palabras de ella se podía sentir una gran tristeza que la aturdía producto de el cambio de ciudad, con todo lo que en ello implicaba, su hija de 10 años se encontraba en la capital con su abuela, en espera de poder donde instalar su nuevo hogar. Eran tantas las palabras que querían salir que se agolpaban impidiendo un flujo ligero de ideas y provocando que predominara el silencio, un silencio con aroma de un muy grato asombro.
Pulcro el ingeniero en su conducta, durante su época de profesor de bachiller que combinada con la titulación de su carrera, se abstuvo siempre de la tentación de invitar a salir a una colegiala, era el precio de mantener el orden y la disciplina necesaria para lograr un adecuado aprovechamiento de los alumnos en clase, a cuenta de privarse una travesura estudiantil. Elizabeth siempre había destacado por su inteligencia, su sencillez y lo enigmático de su mirada. Morena, delgada con una sonrisa plagiada a la Gioconda con un alma más jovial y encantadora. Era su mejor alumna, y en general de todas las generaciones formadas sin duda era la que mas recordaba con un cariño muy especial.
Años después la vida en su andar les coloca nuevamente en convivencia cercana, las cicatrices de la vida no han dejado sin marca la vida de ambos. Ella una chica sobre calificada, contadora con maestría había sido considerada demasiada pieza para los hombres que pudieron asomarse en su vida y ahora se encontraba como madre de una niña, creciendo como persona, profesionista y mujer. Él 14 años mayor que ella, un divorcio y muchas historias que contar en su vida personal.
La despedida del encuentro fue sencillamente especial: -“Estoy para lo que necesites, por favor no lo dudes”- le dijo él y añadió al final –“Te quiero Mucho,  Elizabeth” -.
En el español la palabra te quiero, es una palabra sencillamente cómoda, fácil de decir, a veces difícil de explicar pero muy adecuada para  manifestar un sentimiento de aprecio, afecto, y amor  sin implicaciones carnales, ni posesiones. Es bonito decir te quiero, es bonito recibir una palabra de afecto así de profunda y así de sencilla.
Tenemos que saber expresar un Te quiero que no implica mas compromiso que el de aceptar que un ser tiene un afecto especial por uno, separar, desconectar la frase te quiero de la propiedad, del me perteneces. Así muchas veces nos encontramos diciéndole te quiero al auto, a la casa, al celular, a la computadora, al sillón, etc., etc., algunas cosas te pertenecen otras no necesitan ser dominadas por ti para sentirles aprecio, son objetos sin vida que nos han dado algo para tener  un “aprecio”.
 Por que limitarnos el decir te quiero, quizá el límite de la expresión verbal comunitaria sea la sensación de compromiso que pudiera traer con una frase así al expresarla a una persona de nuestro entorno social. Un te quiero podemos expresarlo a un amigo, pero casi no lo hacemos damos prácticamente por entendido ese sentimiento en una relación de amistad, en la dinámica de la relación consideramos muchas veces sobrada una frase de afecto de este tipo.
El ingeniero me explicaba, que aquella frase le había salido del alma, deseaba que contuviera todo el cumulo de buenos deseos que guardaba entre sus letras, que pudiera ser clara también la gran libertad que como estela dejaba en el espíritu del comentario. La frase envolvía un estoy contigo; deseo poder ayudarte a encontrar la armonía; no olvides que cuentas conmigo; tu libertad de decisión, de elección y de sentir permanecerá intocable; solamente te acompaño porque me place poder acompañarte en un instante o en el tiempo que la  vida nos regale. Todas esas palabras estaban incrustadas en esa frase. Es mi decisión quererte así, sin moneda de cambio, sin obligación alguna, con mi libertad intacta, con tu espacio privado bien delimitado. Te Digo te Quiero porque quiero que sepas que eres un ser especial para mí, porque coincido en el tiempo y espacio contigo, y además siento que coincidido en una fuerza, espiritual, no visible pero tangible en el alma, como el viento.  Así se expresaba aquel hombre de su encuentro.
Debemos construir una sociedad afectivamente más expresiva, acostumbrada a decir y explicar los sentimientos. Contrario a lo deseado, es pocas veces escuchado en el hogar un te quiero sin intercambio de objetos de por medio. Reservamos esa palabra para un día especial sin tener la certeza de que ese día especial lleguemos a vivirlo. NO trato de desvirtuar una frase, no se trata de eso, intento invitar a ser expresivos en un sentimiento de afecto cariño, aprecio, en una convivencia que por momentos se vuelve muy ríspida por mil diferencias de pensamiento azuzadas por banderas de colores diferentes, es prudente buscar una forma de descansar el pensamiento, en una buena platica, con una buena lectura, una agradable compañía y como aderezo la expresión franca de un sentimiento que fortalezca una relación. Aprender a decir Te quiero también implica saber reconocer lo que no se acepta, lo que no se aprueba, pero con cariño y respeto manifestarlo, se puede ser honesto con decoro y respeto.
Acepta un te quiero sin remordimiento y expresa un te quiero sincero sin apasionamiento.
                                                                                                              

                                                                           Dr. Dante Mevaq

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